La película Amor, de Haneke, desarrolla múltiples aspectos relativos a la última etapa de la vida. No es fácil saber y poder
acompañar a personas queridas que, progresivamente, presentan una situación de
dependencia más o menos extrema. El ritmo trepidante de las sociedades
desarrolladas, y la dificultad para conciliar vida familiar y laboral, hace que quienes sufren su última enfermedad crean ser una carga. La pareja de ancianos
que protagoniza la película mantiene entre sí fuertes vínculos afectivos, pero
apenas recibe ayuda en lo material, o afecto y comprensión en lo emocional, de
los adultos y jóvenes allegados (demasiado ocupados en resolver sus propios
problemas o, tal vez, absortos en su proyecto vital en el que no tiene cabida la
muerte) No se puede afirmar que hayan recibido el acompañamiento adecuado hasta
llegar a una muerte digna.
Tras muchos años de experiencia en atención paliativa,
la psicóloga Marie Hennezel (1996) afirma que tras la petición de ayuda para morir de
algunos enfermos se esconde la incapacidad de familiares y/o profesionales para normalizar, en lo posible, esta última etapa de la existencia asumiendo el con-morir (Siurana y Conill, 2004), dando vida a la muerte. El desarrollo de capacidades ante la muerte es
una tarea pendiente.
Ana Costa
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domingo, 16 de junio de 2013
jueves, 6 de junio de 2013
Dignidad ante la muerte
Procurar una muerte digna implica respetar el proceso natural de la vida, rodear de afecto personal la última etapa, y proveer los mejores cuidados posibles.
Ana Costa
Ana Costa
jueves, 17 de febrero de 2011
Argumentos a favor y en contra de las voluntades anticipadas
El documento de voluntades anticipadas es una herramienta para abordar diferentes aspectos del final de la vida, facilitando que los profesionales de la salud incluyan valores y preferencias del paciente en la toma de decisiones.
El pasado martes 15 la Comunitat Valenciana celebró una Jornada de Voluntades Anticipadas, en el marco de las cuales JC Siurana planteó pros y contras respecto al uso de tal documento. "Si nos atrevemos a pensar sobre el final de la vida, habremos avanzado como personas. Los argumentos en contra se preocupan por los abusos y, en consecuencia, pueden actuar como señal de alerta evitando el mal uso del documento de voluntades anticipadas".
Ana Costa
El pasado martes 15 la Comunitat Valenciana celebró una Jornada de Voluntades Anticipadas, en el marco de las cuales JC Siurana planteó pros y contras respecto al uso de tal documento. "Si nos atrevemos a pensar sobre el final de la vida, habremos avanzado como personas. Los argumentos en contra se preocupan por los abusos y, en consecuencia, pueden actuar como señal de alerta evitando el mal uso del documento de voluntades anticipadas".
Ana Costa
viernes, 19 de septiembre de 2008
La “judicialización” de la medicina: una cultura de la “sospecha”
Comentarios a la futura “ley reguladora de la dignidad de las personas ante la muerte”:
Más que “regulación del proceso de toma de decisiones” se necesita espacios adecuados y tiempos de consulta suficientes como para que sea posible una deliberación conjunta con los pacientes que así lo deseen y documentos de apoyo que permitan recoger de forma objetiva lo expresado por éstos.
Más que “regular todos los aspectos relativos al proceso de atención para una muerte digna” se necesita dotar de recursos (humanos y materiales) a centros de salud, y unidades de atención domiciliaria y/o de cuidados paliativos, de tal forma que los pacientes que deseen morir en sus domicilios puedan recibir una atención adecuada (contemplando la posibilidad de ingresos episódicos para descargar al cuidador)
Más que prohibir “objeciones generalizadas a la norma”, estilo autoritario de gobernar (el de prohibiciones) propio de los totalitarismos e inspirado en la sospecha, es necesario impulsar una cultura de confianza hacia los profesionales los cuales, mediante argumentos basados en la evidencia científica, protocolos de actuación elaborados por los equipos de trabajo, toma de decisiones compartida con los pacientes, y registro sistemático en las historias clínicas, procuran (salvo excepciones) conseguir el mayor bien para sus pacientes evitando daños.
Por tanto, más que “reducir al máximo la variabilidad de interpretaciones” mediante leyes y otros procedimientos quirúrgicos que serían muy útiles en el caso de que la incompetencia profesional fuese lo normal y no excepcional (como es de presumir), habría que facilitar espacios y tiempos de reflexión dentro del horario de trabajo, de tal forma que se pueda registrar de forma adecuada y sin apresuramiento en las historias clínicas, revisar periódicamente y de forma conjunta los protocolos de actuación de cada centro asistencial, y analizar las decisiones que se tomaron de forma personalizada con cada uno de los pacientes, para así reducir la variabilidad y mejorar la práctica clínica a partir de y desde quienes la están realizando.
¿Es que promulgando una ley se cambiarán los estilos de trabajo? ¿O es que resulta más barato promulgar una ley que dotar de forma adecuada, en recursos humanos y materiales, a los centros sanitarios?
¿Es necesaria una ley cuando se parte de que la mayor parte de los profesionales son competentes? ¿O es que los que gobiernan y gestionan ejercen su poder desde la cultura de la sospecha y la presunción de incompetencia de los profesionales?
Ana Costa
Más que “regulación del proceso de toma de decisiones” se necesita espacios adecuados y tiempos de consulta suficientes como para que sea posible una deliberación conjunta con los pacientes que así lo deseen y documentos de apoyo que permitan recoger de forma objetiva lo expresado por éstos.
Más que “regular todos los aspectos relativos al proceso de atención para una muerte digna” se necesita dotar de recursos (humanos y materiales) a centros de salud, y unidades de atención domiciliaria y/o de cuidados paliativos, de tal forma que los pacientes que deseen morir en sus domicilios puedan recibir una atención adecuada (contemplando la posibilidad de ingresos episódicos para descargar al cuidador)
Más que prohibir “objeciones generalizadas a la norma”, estilo autoritario de gobernar (el de prohibiciones) propio de los totalitarismos e inspirado en la sospecha, es necesario impulsar una cultura de confianza hacia los profesionales los cuales, mediante argumentos basados en la evidencia científica, protocolos de actuación elaborados por los equipos de trabajo, toma de decisiones compartida con los pacientes, y registro sistemático en las historias clínicas, procuran (salvo excepciones) conseguir el mayor bien para sus pacientes evitando daños.
Por tanto, más que “reducir al máximo la variabilidad de interpretaciones” mediante leyes y otros procedimientos quirúrgicos que serían muy útiles en el caso de que la incompetencia profesional fuese lo normal y no excepcional (como es de presumir), habría que facilitar espacios y tiempos de reflexión dentro del horario de trabajo, de tal forma que se pueda registrar de forma adecuada y sin apresuramiento en las historias clínicas, revisar periódicamente y de forma conjunta los protocolos de actuación de cada centro asistencial, y analizar las decisiones que se tomaron de forma personalizada con cada uno de los pacientes, para así reducir la variabilidad y mejorar la práctica clínica a partir de y desde quienes la están realizando.
¿Es que promulgando una ley se cambiarán los estilos de trabajo? ¿O es que resulta más barato promulgar una ley que dotar de forma adecuada, en recursos humanos y materiales, a los centros sanitarios?
¿Es necesaria una ley cuando se parte de que la mayor parte de los profesionales son competentes? ¿O es que los que gobiernan y gestionan ejercen su poder desde la cultura de la sospecha y la presunción de incompetencia de los profesionales?
Ana Costa
jueves, 11 de septiembre de 2008
Andalucía multará el ensañamiento terapéutico
¿Qué os parece esta noticia de El Pais?
Los médicos andaluces estarán "perseguidos" si deciden mantener un tratamiento que no sea curativo, pero la ley les protegerá en el caso de que decidan retirarlo aún en contra de la voluntad del paciente o sus familiares.
Ana Costa
Los médicos andaluces estarán "perseguidos" si deciden mantener un tratamiento que no sea curativo, pero la ley les protegerá en el caso de que decidan retirarlo aún en contra de la voluntad del paciente o sus familiares.
Ana Costa
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